Eizmendi, Manero, Natxo Zurbano y Paco Frías |
Y para completar el homenaje, el Beti Maite, mencionado también, como pieza especialmente querida, por Natxo en su escrito de recuerdo: >>
Nota: A los pocos minutos de publicar esta entrada me advierten que el P. Alejandro fue profesor de filosofía y no de teología. El caso es que si lo corrijo me rompe el juego que pretendía hacer con el "por las nubes", así que.. ahí queda. Profesor de filosfía pero, seguramente, aspirando a ascender. (espero que esto no me lo corrijan).
La advertencia que te han hecho, Alejandro, bien hecha está, pues quien firma el artículo es el padre José María de Alejandro, que fue profesor de Crítica y autor de diversos libros («Humanismo Ateo», «Gnoseología», «En la hora crepuscular de Europa», «Critica»). Sin embargo, disculpado quedas, pues por tus tiempos hubo otro Alejandro, el padre Alejandro Martínez Sierra, que sí fue profesor de Teología. Seguro que más de una vez te tropezaste con él en el tránsito rojo, donde ocupó la habitación que había sido del padre Lucio Rodrigo. Así que explicado queda el desliz y justificado. Y bien eso de sostenella y no enmendalla, aunque sólo sea en favor del juego de palabras.
ResponderEliminarRamón Cubillas
Tu juego, Alejandro, vale aun referido al P. José María de Alejandro, quien, en las primeras páginas de su "Gnoseología de la certeza", hablaba de "las arriesgadas cornisas de la alta gnoseología", por las que presumía de andar, más cerca de las nubes, por tanto, que el común de los mortales.
ResponderEliminarAlfonso
La puntería investigadora de Ramón Cubillas no tiene fin. Ahora nos sorprende con un delicioso retazo periodístico de aquel agudo y elegante filósofo que fue nuestro recordado Padre Alejandro, profesor de Lógica con quien aprendimos, por ejemplo, a conocer a los escépticos (tanto teóricos como prácticos).
ResponderEliminarPero en su potpourri sobre la música en el Seminario cayó en la trampa tendida inconscientemente por el buen humor de los del cuarteto (Golden Black Quartet para entendernos mejor). Ese “Beti maite” que constituía uno de los mascarones de proa de sus actuaciones no era de un desconocido Orteguren, referencia, sin duda, recogida por el P. Alejandro, de algun programa de mano y a “ciclostil” del “Quartet”. El zortziko vasco era del músico donostiarra Sarriegui, mas conocido como autor de la “Marcha de San Sebastián”.
“Orteguren”, en cambio, era un entusiasta compañero de la Scholla que además ensayaba a los contraltos. Chuchi Ortego era conocido con otros alias (Orteguren, Ortegobeitia o Chacarte que era un torero, paisano suyo de Baracaldo, diestro temerario que no se distinguía precisamente por su arte). Los del Cuarteto tuvieron la humorada de aprovechar uno de estos alias para incluirlo en sus pequeños programas de mano..
De Ortego comentaban sus compañeros que, con ocasión de una de las giras de verano a Solesmes que organizaba el Padre Prieto, protagonizó un divertido y embarazoso episodio. Invitados a una pequeña sesión musical en casa de Madame Piedelievre, organista en la catedral de Notre Dame parisién, a su término la concertista ofreció la posibilidad de interpretar una pieza distinta. Fue entonces cuando el bueno de “Orteguren” pidió cortésmente si podía complacerles con ¡Los sitios de Zaragoza!. El “ábrete tierra y trágame” todavía lo recuerdan algunos compañeros..