miércoles, 24 de marzo de 2010

Más "reliquias": Aquel Ochote


Hay un tema menor, anecdótico tal vez, reductible a simple curiosidad, en este estimulante "cosmos" de las actividades del P.Prieto, y su entorno.
Durante el curso 55-56,(nuestro 3º de Filosofía), los ya famosos protagonistas de la famosa Web,o blog, o lo que sea,...Eizmendi,Manero,Zurbano,P.Frías...,dieron a luz, ("parieron" sería un vocablo disonante...), un ochote..., por pura amabilidad amistosa, me nombraron miembro colaborador, o cómplice. Me encargaron buscar un nombre para el coro. Creí encontrarlo: "Escorcín". ...., pues el P.Prieto se ofreció a escribir una composición expresamente dedicada al ochote... (+)
(continuará)
Agustín Rodríguez Fernández

5 comentarios:

  1. Nos robaron el nombre. En mis tiempos de filosofía (1944-47) se nos llamaba "El Ochote a los ocho gregorianistas que cantábamos, por ejemplo, las antífonas y el primer verso del salmo siguiente en los Oficios de Tinieblas de la Semana Santa.
    José Manuel Ruiz Marcos

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  2. Bienvenido Joséma a los comentarios del Blog. "L´enfant térrible" de la Asociación. Te suponía completamente enfrascado en la próxima publicación de tu libro, así que estas aportaciones son doblemente valiosas.

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  3. Cordiales saludos, Joséma: ¿o sea que a los ocho gregorianistas que describes os llamaban "el Ochote"? No cabe duda de que el nombre, no sólo expresaba el número de componentes, sino que ese artículo, determinándolo y singularizándolo, subrayaba la relevancia y el prestigio de que gozabais los que pertenecisteis a ese grupo de gregorianistas. Seguramente seríais una selección dentro de la selección que ya suponía el pertenecer al Coro de Gregoriano. Los nombres que, a lo largo de los años, fueron aplicándose a los diversos grupos musicales dependientes de la Schola, fueron muy variados y, a veces, curiosos. Existía el "Coro de la capilla de S. José, el "Coro reducido", el "Coro de gregorianistas", que en los últimos años cincuenta llegó a llamarse "el Corito" o, como decía un brasileño de mi curso que lo dirigió, Celso Queirós, el "Coritu". Pero además, por aquellos años en que nos visitó un compositor alemán, amigo del P. Prieto, Th. B. Rehmann, al conjunto de cantores que interpretó sus obras se le llamó el "Germanicum". De Rehmann llegamos a cantar, en la Semana Santa del año 58, un "Tristis est", "Eram quasi agnus", el cántico "Benedictus" y la Lamentación "Misericordiae Domini". Todas estas obras estaban escritas para tres voces iguales; así es que el conjunto venía a ser un "Sexteto de voces graves". Nuestro "Ochote", al que Agustín le puso ese nombre tan eufónico de "Escorcín", no tenía un carácter tan sacro como vuestro "Ochote". Creo que estábamos influenciados por un "Ochote" que se hizo muy famoso por aquellos años, el "Ochote de los Xei", que cantaba versiones polifónicas de canciones populares. Los componentes fuimos: Paco Frías y Enrique Llorente, tenores primeros; Natxo Zurbano y Fernando Loza, tenores segundos; Fco. Javier Seijo y Rafael Manero, barítonos; Javier Vergara y Miguel Eizmendi, bajos. Nos dirigía Miguel. El "Ochote" llegó a tener un flamante sello de caucho, diseñado por Natxo Zurbano: una espiga con ocho granos de trigo, cuyas barbas se desplegaban formando un pentagrama, en el cual estaba inscrita la clave de sol que servía como primera vocal de la palabra "Escorcín" (tal como aparece en esa partitura del blog). Como tal conjunto no duramos más que un año, tercero de Filosofía. Al año siguiente quedamos reducidos a ese "Cuarteto" al que Alejandro le aplicó la expresión, por lo oscuro, de "The Golden Black Quartet"
    Rafael Manero

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  4. Rafael, yo no conocí más "Ochote" que el nuestro. Reinaba entre nosotros una sigilosa solidaridad.A nadie revelamos, hasta el día de hoy que estoy rompiendo el secreto que, incluso en los días más penitenciales, el P.Prieto nos obseguiaba antes del Oficio de Tinieblas con un vaso de vino de misa que íbamos apurando en pequeNas "diócesis" en la sala de música, mientras nos poníamos de acuerdo en pianos y fortes y ritardandos de las antífonas.Luego, teníamos un lugar de preferencia en el coro, en torno al armonio y el atril de Prieto, en tres bancos proletarios que había que remover sólo si cantaban voces blancas y graves como en el Caligacerunt. El otro distintivo,el más llamativo y codiciado de todos, era el paseo de los ocho el Juevea Santo para la visita de los monumentos en los alrededores, con toda la parafernalia clerical, balandrán y sombrero de teja; este último se consideraba indispensable para segregarnos del vulgo y había que buscárselo camelando a los presbíteros, casi siempre canonistas.Para mí, filósofo aún, esto suponía transgredir la separación de clases, probando sombreros a mansalva por el piso segundo.Y que conste que me gustaba lucirme ante los de mi comunidad. bajar por la cuesta alternando como quien no quiere la cosa con los padres beneméritos, todos con la teja clerical.
    José Manuel Ruiz Marcos

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  5. Permitan que tercie, ilustres doctores. En los 60, el coro de la Capilla San José se llamaba "La Pepa" o "La Pepona" coloquialmente. Y, además del "Reducido", hubo también "El Reducidísimo". En los dos participé. Palabra!
    Creo que Garnica, que nos sigue casi a diario, fue director de la Pepona. ¿No Juanjo?

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